La voluntad de vivir

La ayuda a un paciente con cáncer

Autora : Anne Ancelin Schützenberger
Editorial Omeba, Argentina, 2005

PRÓLOGO A LA 1° EDICIÓN EN ESPAÑOL

La más reciente visita a la Argentina de Anne Ancelin Schützenberger fue en diciembre de 2002. La invitamos sus amigos porteños para celebrar la 1° edición en español de su libro “¡Ay, mis ancestros!”, y para deleitarnos con sus Talleres y Conferencias. Anne volvió a traernos los vientos frescos de lo actual en psicoterapia, rubricado, además, por el sello de su añosa maestría terapéutica.

Tuve el privilegio de asistirla durante algunos de sus trabajos con enfermos de cáncer y sus familias. Incansable pese a sus años y a una gripe fuerte, allí estaba Anne: de planta, comando estratégico, encarando la pizarra donde se construía el genosociograma del consultante. El centro vacío y abierto, su mirada amplia y profunda, su atención flotante percibiendo los no-dichos, las vergüenzas sumergidas, los secretos de familia inconfesables, cerrando duelos congelados (de olvidados, no enterrados, excluidos, temidos…), llevando a conectarse y nutrirse de raíces ancestrales, buscando fechas y repeticiones a lo largo y ancho de la biografía emocional genealógica del paciente. Allí estaba, en su elemento, cincelando su arte con el espíritu bondadoso de los grandes.

Anne es hoy una dama de 86 lúcidos años. Tiene la mirada atemporal de aquellos que han vivido y han visto. Es autora del más famoso libro sobre “terapia transgeneracional”:  “¡Ay, mis ancestros!”. Ya traducido a nueve idiomas, lleva vendidos cerca de 300.000 ejemplares durante los últimos diez años. Es, en su tipo, un best seller en escala planetaria.

El espíritu de Anne, libre de dogmatismos excluyentes, le permitió descubrir el universo de los “traumas transgeneracionales” y convertirse en uno de los pioneros de este nuevo y antiguo enfoque llamado psicogenealogía. A ella le debemos también su increíble divulgación.

Es Profesora Emérita de la Universidad de Niza, donde dirige desde hace 30 años el Laboratorio de Psicología Social y Clínica. Fue investigadora y colaboradora con Robert Gessain, Jacques Lacan y Francoise Dolto. En EE.UU. se entrenó con Carl Rogers, con Margaret Mead y con Gregory Bateson. También asistió a la Escuela de Palo Alto y a la Escuela de Dinámica de Grupos de Kurt Lewin. Amiga y discípula predilecta de J. L. Moreno introdujo el psicodrama en Francia. Fue nombrada Miembro de Honor de la Asociación Internacional de Terapia de Grupo.

La comunidad psi le debe la reactivación, la ampliación y la comprensión psicogenealógica del Síndrome del Aniversario (fenómeno descubierto por la Dra. Josephine Hilgard en EE.UU. durante la década del 50 y avalado por estadísticas contundentes).

Todo empezó para Anne (y en consecuencia para nosotros sus alumnos) durante los 70, asistiendo a una mujer sueca de 35 años, de vida feliz y sin rastros de cargas de estrés pero condenada a morir por un cáncer terminal. Durante su trabajo con dicha mujer, Anne descubre que la madre había muerto de un cáncer similar a los ¡35 años!  Percibió entonces cómo esta mujer estaba tan identificada con su madre que se hallaba pronta a repetir su trágico destino. Este descubrimiento fue luego corroborado por otros muchísimos   casos donde se revelaron repeticiones sorprendentes en distintas familias.
Ya no se podía atribuir al destino, al azar o a la genética el hecho que en una familia encontremos, generación tras generación, coincidencias en fechas de nacimientos, o en el mismo número de hijos, o en las mismas muertes trágicas a la misma edad. Tantas repeticiones tan frecuentes resultaba harto evidente que no podían ser fruto del destino sino que, más bien, debían responder a una lógica intrínseca al sistema familiar: el mantenernos fieles a nuestros padres y a nuestros antepasados. A veces esta lealtad invisible sobrepasa los límites de la sensatez y sin embargo se repite. Solemos mantener una poderosa e inconciente fidelidad a nuestros designios familiares: a sus tradiciones, a sus traumas, a sus secretos, a sus proyectos más o menos advertidos. Solemos identificarnos con ellos y representar sus acciones, sus deseos, enfermedades y destinos. Solemos adoptar los sentimientos de la familia como si fueran propios.

Ya Freud señalaba (en “Moisés y el Monoteísmo”, 1938) que “la herencia arcaica del hombre no sólo comprende disposiciones sino también contenidos, huellas mnemónicas de las vivencias de generaciones anteriores” y que estas huellas “son independientes de la comunicación directa”.

A este fenómeno, el Síndrome del Aniversario, la autora de este libro le atribuye constituir un número importante (20%) en la casuística del cáncer.
Anne no titubea y va a fondo en el combate contra el cáncer: a pesar de las estadísticas negativas y apoyándose en los innumerables casos de remisión. Se presenta como una antorcha para la vida y hay en ella una inquebrantable y militante fe en torcer los destinos fatales. Sin desestimar ningún otro tratamiento nos convoca a considerar lo psicoterapéutico como una herramienta que, cuanto menos, dará mejor vida al enfermo. Al mismo tiempo, el encarar un proceso intensivo para ampliar la visión y cerrar asuntos inconclusos graves de la historia familiar y/o personal refuerza las defensas inmunológicas: cada uno de nosotros sabe que si “se está bien” la enfermedad pasa de largo.

Desde Freud las terapias buscan hacer conciente lo inadvertido, lo inconciente. El “sentido”, el “mensaje” del cáncer busca ser comprendido a través de un método recreado por Anne, un sondeo biográfico llamado Genosociograma, donde se buscan y destacan los acontecimientos graves de la historia familiar e individual cuya dinámica –se sabe—afecta de manera fatal al enfermo. Este instrumento, sumamente práctico y eficaz, permite “abrir” el campo de la conciencia familiar para rápidamente lograr comprensión de las diferentes dinámicas psíquicas posibilitando sus soluciones.

Un indicador crucial en este enfoque lo constituyen los “duelos congelados” después de traumas insoportables. Estas muertes causan depresión profunda y una disminución en el sistema inmunológico que pueden desembocar en un cáncer. La relación próxima entre depresión y cáncer es un clásico en la literatura analítica. Algunos la llaman la enfermedad de la omnipotencia. Para ganarle al cáncer es necesario tener conciencia de su significado. El mero hecho de visualizar la historia familiar de golpe, varias de sus generaciones, y  repentinamente percatarse de las repeticiones, puede bastar para liberar al enfermo del peso de las lealtades familiares inconcientes. En el Genosociograma la realidad de los hechos y las repeticiones son como fogonazos para la conciencia. Este mapeo genealógico le “habla” tanto al consultante como al terapeuta. Es algo “vivo”, verídicamente personal, que inquieta, hace figura lo principal y llama a concluir lo inconcluso.

Anne denomina “desbrozar” a su tarea y lo realiza en un proceso intensivo de tiempos breves que o bien acompaña o bien inicia una psicoterapia. Sin embargo, aún siendo poderosamente efectivo no alcanza con el desbrozado: los procesos terapéuticos necesitan de continuidad, de perlaboración (working through) para avanzar, consolidar y prevenir así las recaídas.

“Vouloir Guerir” va por la 10° edición en francés y no dejó nunca de actualizarse. Para los enfermos de cáncer y sus familias y para los profesionales de la salud es un libro impactante por la certeza y actualidad de sus informaciones, por la amplitud y la audacia terapéuticas y por su rigurosidad científica y consecuencia profesional.

“La Voluntad de Vivir” lleva este título propuesto por Evelyne Bissone Jeufroy, discípula y estrecha colaboradora de Anne y coautora con ella del capítulo dedicado a duelos y del libro “Salir del Duelo” recientemente editado en Francia.

No se trata de un voluntarismo romántico de inútil y barata eficacia sino de la profunda comprensión que subyace en “la decisión de morir”, por así decir, requisito y antídoto necesario para un genuino despertar y tomar la vida.

Estoy persuadido que el público de habla hispana y sobre todo la gente enferma de cáncer y sus familiares recibirán este libro con el afecto de quien se abre a un amigo.

Por mi parte, querido hermano, he cumplido con un sueño que nos involucra para bien. Este libro nace con suficiente alegría.

Y para ti Anne, querida amiga, recibe toda mi gratitud como reconocimiento a tu entrega y a la posibilidad que me has dado de divulgar tu legado en el mundo hispanoparlante.

Lic. Tobías Holc
Psicólogo Clínico

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